
El dogmatismo secular y el sida
Dicen que la primera víctima de toda guerra es la verdad, y pocos campos de batalla hay tan calientes en la guerra cultural como el del sida. Es el caso del que grita: '¿A quién vais a creer, a nuestros sesudos expertos o a vuestros ojos mentirosos' Lo que dicen los expertos de la Cofradía de san Condón lo sabemos de sobra porque nos lo dicen a todas horas desde todas las instancias oficiales: sin condón no hay salvación y la Iglesia es culpable. Lo que nos dicen nuestros ojos -los fríos datos-, en cambio, es que, después de décadas de machacar con el mensaje y repartir preservativos por doquier, 'El sida se dispara y afecta a más de 40 millones de personas en el mundo' como titula El Mundo. La información que falta -y que es fácil comprobar- es que el arma más efectiva contra la enfermedad en África no ha sido la campaña condonera que desde hace veinte años repiten los grupos de presión, sino la campaña de Uganda para cambiar los hábitos y hacer hincapié en la abstinencia y la fidelidad, es decir, la postura de la Iglesia. No hace falta ser católico u 'homófobo' para deducir que la extensión de la epidemia nos está comunicando algo básico: que la Naturaleza no es tan tolerante como la sociedad con la promiscuidad sexual. Si no fuera el sida, sería cualquier otra enfermedad, como ha sucedido durante la mayor parte de la historia de la Humanidad. 'El plan de la OMS fracasa', titula en otra parte El Mundo. Pero, en el texto, sigue recomendando cualquier cosa menos la más obvia, más sencilla y más barata. Eso es dogmatismo.
Dicen que la primera víctima de toda guerra es la verdad, y pocos campos de batalla hay tan calientes en la guerra cultural como el del sida. Es el caso del que grita: '¿A quién vais a creer, a nuestros sesudos expertos o a vuestros ojos mentirosos' Lo que dicen los expertos de la Cofradía de san Condón lo sabemos de sobra porque nos lo dicen a todas horas desde todas las instancias oficiales: sin condón no hay salvación y la Iglesia es culpable. Lo que nos dicen nuestros ojos -los fríos datos-, en cambio, es que, después de décadas de machacar con el mensaje y repartir preservativos por doquier, 'El sida se dispara y afecta a más de 40 millones de personas en el mundo' como titula El Mundo. La información que falta -y que es fácil comprobar- es que el arma más efectiva contra la enfermedad en África no ha sido la campaña condonera que desde hace veinte años repiten los grupos de presión, sino la campaña de Uganda para cambiar los hábitos y hacer hincapié en la abstinencia y la fidelidad, es decir, la postura de la Iglesia. No hace falta ser católico u 'homófobo' para deducir que la extensión de la epidemia nos está comunicando algo básico: que la Naturaleza no es tan tolerante como la sociedad con la promiscuidad sexual. Si no fuera el sida, sería cualquier otra enfermedad, como ha sucedido durante la mayor parte de la historia de la Humanidad. 'El plan de la OMS fracasa', titula en otra parte El Mundo. Pero, en el texto, sigue recomendando cualquier cosa menos la más obvia, más sencilla y más barata. Eso es dogmatismo.
Sacado de ALBA. Nº 60 (del 25 de nov. al 1 de dic. De 2005)
Un saludo.
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