13.2.06

DILUVIO DE AMOR


Amar para vencer al Mal

Las vestiduras con las que se ciñó Jesucristo, el Enviado, son la mansedumbre, la paciencia y la humildad; y estas a su vez, tejen una sola vestidura: la fortaleza. Nuestros días están contados, pero los días del Padre son eternos; por eso no tiene prisa. Él, con su paciencia eterna, consigue más que nosotros con nuestros rayos de cólera. En el fondo, se trata de un tremendo equívoco: queremos echar a andar la maquinaria de la furia, gritando: arranquemos el mal acabando con los malos. En el fondo no hay sino una sola cosa: la incapacidad de amar. Por eso echamos mano tan rápidamente del rayo y de la cólera sagrada, por nuestra incapacidad para amar, para vencer el mal con el bien. ¿Qué gracia tiene amar a los amables? Si no somos capaces de enfrentar el mal con el bien, ¿cuál es nuestro mérito y nuestra razón de ser? El Padre encomendó a su Hijo que echase a rodar por el mundo la maquinaria de la bondad, y que clave sobre la cúspide del mundo la bandera del amor. El mundo sólo se salvará con un diluvio de amor.

Sacado del libro “El Pobre de Nazaret” de Ignacio Larrañaga