19.2.06

PELIGRAN LAS LIBERTADES


'Farenheit 451': peligran las libertades

En su mensaje de Navidad, el Rey ha dicho que España es una gran Nación y pide 'el más amplio consenso' para solucionar los problemas 'en el marco de las reglas, principios y valores' de la Constitución. Confía en que las instituciones y los partidos sirvan 'fielmente al interés general', al deseo mayoritario del pueblo español de preservar y ensanchar nuestra armónica convivencia. Las advertencias del jefe del Estado en los últimos meses son recibidas con respeto por la mayoría de los partidos, pero el Gobierno de Rogríguez Zapatero no altera el rumbo que se ha marcado de cambiar la sociedad española y los valores que sustentan nuestra Constitución.
El Consejo de Ministros navideño nos regala el proyecto de reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que crea nuevos Consejos de Justicia autonómicos y establece jueces de proximidad no profesionales, que ya ha sido criticado por las asociaciones profesionales de la magistratura como desastroso, porque rompe la unidad, politiza y amenaza la independencia de la justicia.
El Gobierno quiere crear el Consejo Estatal Audiovisual, que tendrá facultades para controlar, inspeccionar y sancionar emisoras de radio y televisión, amenazando así el derecho a la libertad de expresión recogido en el artículo 20 de la Constitución. Con este proyecto el Gobierno socialista parece seguir los pasos del Consejo Audiovisual de Cataluña, un tribunal político-administrativo que pretende sancionar a periodistas y cerrar medios de comunicación críticos con el nuevo régimen independentista. Pero ya ha encontrado el rechazo del Comité Mundial de Libertad de Prensa, que engloba a 45 organizaciones internacionales, pidiendo a Maragall que lo desmantele cuanto antes porque es equiparable a la censura del franquismo.
El Gobierno avanza en la reforma de la Constitución para hacer un Estado federal, que rompe la unidad histórica de la Nación española y quiebra el equilibrio democrático. Si logrará su objetivo, la sociedad quedaría sometida a un Ejecutivo que controla la justicia, la educación y los medios de comunicación, amordazando a los críticos, mientras dispone de la mayoría de medios estatales y afines en ideología, a los que hace continuos regalos por servicios prestados, como al Grupo Prisa.
Una vez atenazadas las libertades y planificadas las próximas generaciones con la revisión histórica y la nueva Educación para la ciudadanía, este PSOE radical completaría su experimento de ingeniería social y se aseguraría la perpetuación en el poder. De ahí su frenético ataque a la actual oposición del PP, a la educación de iniciativa social y a los medios de comunicación como la COPE.
En suma, la obsesión controladora e intervensionista del Gobierno de Rodríguez Zapatero está imponiendo, con prisa y sin pausa, unas reformas profundas en la legislación que van contra la sociedad española. La funesta tarea que se ha impuesto consiste en destruir el tejido social y reinventar la Historia, como se intentará en 2006 con el aniversario de la Guerra Civil. Ante tantos y tales despropósitos, viene a la mente la obra de R. Bradbury Fahrenheit 451, en la que la censura estatal asfixia la libertad de los ciudadanos, mostrando una antiutopía en la que los libros están prohibidos aunque, gracias a Dios, un grupo selecto de 'libros vivientes' se esfuerza por transmitir personalmente a las próximas generaciones el genuino pensamiento humano en libertad.
Jesús Ortiz López. Dr. en Derecho Canónico.
ALBA. Nº 65. Del 30 de diciembre de 2005 al 5 de enero de 2006.

13.2.06

DILUVIO DE AMOR


Amar para vencer al Mal

Las vestiduras con las que se ciñó Jesucristo, el Enviado, son la mansedumbre, la paciencia y la humildad; y estas a su vez, tejen una sola vestidura: la fortaleza. Nuestros días están contados, pero los días del Padre son eternos; por eso no tiene prisa. Él, con su paciencia eterna, consigue más que nosotros con nuestros rayos de cólera. En el fondo, se trata de un tremendo equívoco: queremos echar a andar la maquinaria de la furia, gritando: arranquemos el mal acabando con los malos. En el fondo no hay sino una sola cosa: la incapacidad de amar. Por eso echamos mano tan rápidamente del rayo y de la cólera sagrada, por nuestra incapacidad para amar, para vencer el mal con el bien. ¿Qué gracia tiene amar a los amables? Si no somos capaces de enfrentar el mal con el bien, ¿cuál es nuestro mérito y nuestra razón de ser? El Padre encomendó a su Hijo que echase a rodar por el mundo la maquinaria de la bondad, y que clave sobre la cúspide del mundo la bandera del amor. El mundo sólo se salvará con un diluvio de amor.

Sacado del libro “El Pobre de Nazaret” de Ignacio Larrañaga

11.2.06

LA MÁS GRAVE AMENAZA


La más grave amenaza

A fines de 1945, recién terminada la Guerra Mundial, hable de -vocación de nuestro tiempo para la pena de muerte y el asesinato-. Algo tan terrible como cierto, que había dominado el espacio de una generación, desde 1930 aproximadamente. La siguiente significó una recuperación de la civilización y el sentido moral, y por tanto del respeto a la vida humana. Pero no duró demasiado: hacia 1960 empezaron ciertos fenómenos sociales inquietantes, y que no han hecho más que crecer y afirmarse.
Son el terrorismo organizado -muy organizado, y esto es lo esencial-, la inmensa difusión del consumo de drogas, y sobre todo, la aceptación social del aborto. No el que alguna vez se cometa, cediendo a impulsos fuertes en circunstancias agobiantes, sino el que eso parezca bien, un derecho, tal vez un síntoma de 'progresismo'. Hay una manifiesta voluntad de ciertos grupos sociales de que se cometan abortos, de que el mundo entero quede contaminado por esa práctica, de que nuestra época se pueda definir por ella, como otras por la esclavitud o la tortura judicial.
Hace ya once años escribí un artículo, 'Una visión antropológica del aborto', en que decía lo que me parece necesario y evidente. Creo que hay que separar esta cuestión de toda perspectiva religiosa, y también científica, porque la inmensa mayoría de las personas no conocen la ciencia y no tienen medio de comprobar lo que enseña. Un cristiano puede tener un par de razones 'más' para encontrar inadmisible el aborto, pero si yo fuese ateo opinaría lo mismo sobre el asunto.
Se trata de que lo que se llama 'elección' es exactamente 'licencia para matar'. Al hijo que va a nacer, a la persona 'viviente' que llegará en un plazo fijo a la plenitud de la vida humana si no se la mata en el camino. He insistido en que, lejos de ser el hijo 'parte del cuerpo de la madre', un tumor que se puede extirpar, es 'alguien', un 'quién' irreductible al padre, a la madre, a todos los antepasados, a los elementos que integran el mundo y al mismo Dios, a quien podrá decir 'No'. El niño que nace es una nueva realidad, distinta de todo.
Y esto en cualquier momento. La más refinada hipocresía es usada constantemente en defensa del aborto. 'Interrupción del embarazo', como se podría llamar a la horca o al garrote 'interrupción de la respiración'. Y cuando se considera aceptable en las primeras semanas, no después, esto equivale a ver que es bueno disparar a una persona a veinte metros, discutible a diez metros de distancia, inadmisible a quemarropa. De igual modo, si se piensa que un niño con anormalidades no debe vivir, ¿por qué no esperar a que nazca y matarlo si es efectivamente anormal? ¿Y si la anormalidad sobreviene a cualquier edad? A veces pienso que Stalin y Hitler han triunfado al final.
Se dan explicaciones extrañas para justificar el aborto. La violación, por ejemplo. Me pregunto cuántas violaciones 'fecundas' se producen, tal vez ninguna, y si eso justifica más de cuarenta mil abortos en España, en un solo año -¿con qué justificación legal?-. Otra 'razón' es la necesidad de disminuir el crecimiento de la población. Para eso se usan estadísticas 'futuras', absolutamente incontrolables e irresponsables, y no se tiene en cuenta el extraordinario aumento de la producción de alimentos y de todo lo demás, hasta el punto de que su exceso es un problema.
Pero hay otros medios de regular la natalidad, mejores o peores, pero incomparablemente más justificados que el aborto. Y se lo defiende y propaga en países, como Europa, en que el descenso de la natalidad es angustioso, en que apenas nacen niños, ni siquiera para mantener la población. Europa va a ser un continente de viejos, y si la tendencia se prolonga, una comunidad en vías de extinción; y es donde con más encarnizamiento se hace la propaganda del aborto.
¿Por qué? Creo que por debajo de todos los argumentos que se esgrimen hay una voluntad profunda de 'despersonalizar' al hombre en general y de perturbar la esencia dualidad de la vida humana, varón y mujer, irreductibles e inseparables, constituidos por la referencia mutua. Se lleva mucho tiempo intentando 'reducir' lo personal a lo orgánico, y esto a lo inorgánico; lo humano a la zoología; se descarta la libertad, la responsabilidad, el sentido de la paternidad y la maternidad se ve a la mujer embarazada, algo noble y admirable, como una 'hembra preñada'.
De esto se trata, esto es lo que se está ventilando. La Humanidad va a decidir en este final del siglo XX si sigue hacia delante, o vuelve a la prehistoria suponiendo, como muchos quieren creer, que la prehistoria no era humana, que el hombre alguna vez no ha sido hombre con sus rasgos esenciales y propios.
Estamos amenazados por la mayor ola de 'reaccionarismo' que puedo recordar; porque no afecta a tal o cual aspecto secundario de la vida, sino a su misma realidad, a lo que tiene de persona, a lo que hace que puede ser vividera, con esperanza en medio de todas las dificultades y dolores que lleva consigo.
La manipulación a que está sometido el mundo actual, incomparable con las de cualquier otra época, hace verosímil que el mundo se embarque en una monstruosidad sin precedentes. Imagino que en el siglo próximo se puede sentir vergüenza de que haya existido una época tal como nos la presente, ofrecen y lo que es más, quieren imponer.

Julián Marías. ABC. 4 de septiembre 1994.
Un saludo.

1.2.06

DIGNIDAD



Varias madres se enfrentan al síndrome de Edwards y dan a luz a bebés sentenciados

Ocho mujeres decididas a las que no une un credo, ideología, procedencia o cultura, sino la experiencia común de haber dado a luz a unos hijos que nacieron con el síndrome de Edwards, una anomalía mortal, salvo excepciones, en los primeros meses de vida. Dos de ellas nos ofrecen un auténtico testimonio de amor y entrega poco habitual en nuestros días.

María Rosa Sánchez Socías se enteró de que su hija venía con alguna malformación a los dos meses de embarazo. Tenía 43 años y ya era madre de otros siete hijos. En camino estaba la pequeña Leticia, la niña que marcó un antes y después ‘no sólo en mi maternidad, también en la paternidad de mi marido’. Desde luego, la experiencia no fue fácil. Para empezar, porque desde el mismo momento de saber que existía algún problema, Rosa recibió presiones para someterse a una amniocentesis, y para abortar, como le aconsejó insistentemente su ecógrafo. ‘Hasta el último momento. Pero también es verdad que el ginecólogo me apoyó y respetó en todo momento’.

Una de las características de los que nacen con el síndrome de Edwards es su poco peso, y así, como una pequeña bolita, nació Leticia tras serle practicada una cesárea a su madre. ‘Yo ni la vi. Se la llevaron a la incubadora enseguida. Era tan chiquitita que no la pude ni coger’. Cuenta Rosa que lo que más lamenté es ‘la poca información que existe sobre este asunto. Como es algo poco corriente, pues te tienes que buscar la vida. Es lo que me dijo uno de los doctores del hospital al preguntarle sobre lo que le pasaba a mi hija’ . El doctor la remitió a Internet, y la verdad es que de la red sacó mucha de la información manejada en el primer momento.

Una vez que Leticia pudo salir de la incubadora y se pudo ir a casa con su familia, Rosa tuvo que aprender a sondarla, y tantas otras cosas, ‘algo que me daba pánico, pero yo quería que antes de llegar el momento de la despedida, viviese en casa con sus hermanos, que recibiese cariño y que nos diese el que ella tenía para los demás, que era mucho. De hecho, cuando buscas una explicación, cuando me pregunto para qué nació, la respuesta la encuentro en lo que esa niña unió a la familia en torno suyo. Al propio matrimonio. Me encanta recordar cómo sus hermanos mayores se ocupaban de ella cuando nosotros no podíamos, con todo el amor del mundo’, y por eso, por crear recuerdos con ella, como de otro miembro más de la familia, ‘también quería que viniese a casa’. No fue fácil. En ocasiones había que conectarla al oxígeno, y sólo conseguirlo era una ardua tarea, ya que ‘en todas partes, todo lo que encontraba eran pegas. Que si la Seguridad Social no lo cubre, que sólo si ha nacido en hospital público, que si no ha llegado hoy y que llegará mañana... ¡si mi niña lo necesita hoy!’

En ocasiones esas dificultades se convertían en amargas experiencias. ‘Ponían cara de que qué más daba, si se iba a morir. No tenían interés alguno en ayudar’. Pero no todo el mundo fue así con ellas. Finalmente, tras casi ocho meses de trabajo, entrega, satisfacciones, recuerdos y experiencias, el diez de diciembre de 2003 Leticia emprendió su camino al Cielo. ‘Había cumplido su misión con creces: darnos mucho amor’. Y asegura que no se arrepiente de ni uno solo de los sacrificios ofrecidos por Leticia: ‘Fue una niña muy feliz durante siete meses y a nosotros nos unió muchísimo’.

Junto a Rosa, la observa con mirada cómplice su amiga Mª Teresa Segovia González. Ella es venezolana, y durante el sexto mes de embarazo, Isabella, la pequeña que llevaba en su seno, dejó de crecer. Evidentemente, algo anómalo ocurría. Pero la sorpresa de todos los médicos al nacer fue mayúscula, ya que nadie esperaba una niña con el síndrome de Edwards. De todos modos, nada hubiera cambiado el saberlo, en lo que a continuidad de embarazo se refiere, porque Teresa apela al derecho a la vida de los no nacidos ‘por sentido común. Pero no sólo te lo digo yo. Lo dice también mi marido, que es de educación luterana y agnóstico, y sostiene y siempre sostuvo que no es una cuestión de fe el tener y aplicar el sentido común’.

NACIÓ PARA ALGO

Dice Teresa que se dio cuenta de lo difícil que es reconocer en un padre los supuestos defectos de sus hijos, ya que ‘mi esposo fue a verla a la incubadora y vino muy ilusionado diciendo que era muy pequeñita y que tenía mi nariz y sus pies’. Enseguida los médicos los informaron de sus sospechas, y las confirmaron más tarde, tras hacer las pertinentes pruebas. ‘Por un momento, se te viene el mundo encima –comenta la madre de Isabella-, pero yo, que soy muy pragmática, enseguida me di cuenta de que esto era por algo y para algo. Estas cosas no ocurren en balde. Isabella tenía una misión’, coincidiendo aquí con el testimonio de Rosa. ‘Y nos dio amor. Mucho amor’. Añade que la primera sensación fue de ‘mucha fe y mucho miedo a la vez, algo muy extraño, pero la ‘gordita’, tan pequeñita, irradiaba tranquilidad’.

Desde el momento que nació, ‘te aseguro que revolucionó el nido. Isabella era la niña más querida del hospital. ¿Por qué haberla privado de tanto amor y cariño? ¿Y por qué haber privado a tanta gente que la mimó y que la quiso de esa oportunidad de darse a otro que lo necesita? Confiesa que ante la difícil situación de afrontar el embarazo de un hijo con estas características, ‘yo no puedo convencer a nadie de nada, sólo puedo transmitir cariño, mucho cariño. El que recibí de mi hija, la novia de Frodo, como la llamaba yo, porque una de las características de estos niños es que una de las orejillas la tienen puntiaguda, como de gnomo. Por eso le ponía siempre su gorrito, para que no se escapase’.

Teresa se queja también de la falta de información que existe en España. Ella es hija y hermana de sendos médicos que viven en el extranjero. Su hermano la llamó enseguida del nacimiento para informarla, y salvo excepciones como el Dr. Chiva y algunos otros, lo hizo mejor por teléfono que algunos médicos de aquí.

A los tres meses y veinte días Isabella se fue al Cielo. ‘Es la crónica de una muerte anunciada. Recuerdo que cuando estaba en el hospital, vinieron como cuarenta personas a despedirla. Y ya en los últimos momentos, cuando el pulsímetro indicó que la hora se acercaba, nos dejaron solas a las dos. Poco a poco se fue apagando. Yo procuré no ponerme mal, porque la quería dejar irse libre en paz, igual que la dejé venir. Finalmente, espiró aire, me miró y me sonrió. Así se fue al Cielo’. Teresa se emocionaba recordando el momento de la despedida. Y añade con una sonrisa luminosa que ‘mi hija también fue muy feliz, fue la niña más querida del mundo, y aunque nació con unas limitaciones extraordinarias, tanto que es casi inevitable una muerte temprana, nos enseñó lo que satisface el entregarse a alguien’.

Teresa no puede dejar de acordarse de ‘tanta gente que nos ayudó. Como Mercedes, y tantos otros para los que Isabella supuso un antes y un después en sus vidas. Parece mentira lo que una niña con esas deficiencias puede aportar a los que la rodean’.

Ahora Rosa y Teresa lideran un grupo de amigas que han vivido una experiencia parecida. En total son ocho y entre ellas comparten recuerdos y vivencias, las que les dieron sus hijos mientras vivieron. Y para agradecerlo, quieren conocer a más mujeres que se enfrenten a su misma situación, para ofrecerles el cariño que ellas recogieron. En España son bastantes las mujeres que se enfrentan a esto solas y, sin ninguna duda, la experiencia que estas ocho mujeres aportan puede resultar en ocasiones más valiosa que la de los propios médicos.

Aunque, una vez más, surgen los problemas. ‘Nos hemos ofrecido a los hospitales para que cuando haya algún nacimiento de estas características, nos llamen. Pero, incompresiblemente, no lo hacen. Parece que prefieren que pasen esto a pelo, solas, como lo hicimos algunas de nosotras’, lo cual es a todas luces incomprensible.

CANDIDATOS AL ABORTO

En España son muchos los niños cuyo nacimiento se pone en duda desde el Código Penal. Uno de los tres supuestos despenalizados del aborto permite su ejecución cuando el no nacido presenta alguna anomalía, lo que pone en el punto de mira a los niños con síndrome de Down, espina bífida o el casi desconocido síndrome de Edwards. Si alguna de las pruebas durante el embarazo dictamina una anomalía, la mayoría de las veces también dicta su sentencia a muerte. En este caso hubiese supuesto la de Leticia y la de Isabella, dos niñas que, como cuentan sus madres, vinieron a este mundo para algo, en las condiciones que lo hicieron. Dos niñas que, sobre todo en un primer momento, exigieron mucho, pero devolvieron con creces todo lo entregado por ellas.

Durante la entrevista, la palabra que más han pronunciado ha sido amor. Algo de lo que carece un Estado en el cual se permite la eliminación de estos niños durante las veintidós primeras semanas de gestación, cuando se sospeche que vienen como lo hicieron Leticia e Isabella. En ese caso se les aplica algo parecido a un filtro, un control de calidad que sólo da la bienvenida a los que considera aptos, a los que dan la talla. Pero ¿dónde radica la dignidad de las personas, en sus capacidades físicas o psíquicas? Rosa y Teresa, y con ellas sus hijas Leticia e Isabella, nos han demostrado que no. Rotundamente no. La dignidad humana radica en su propia naturaleza. Otra cosa es que uno mismo esté dispuesto a respetarla. A hacerla valer o despreciarla. Es otra de las cosas que nos enseñaron Isabella y Leticia antes de su marcha.



Protagonistas de ‘La historia’

Rosa y Teresa son las caras de un historia impresionante. Como tantas otras que héroes anónimos, vecinos de nuestras ciudades, protagonizan cada día que pasa sin que nada ni nadie las refleje. En ALBA tienen un hueco todas esas historias que, desde la generosidad anónima de muchos ciudadanos, dignifican a la Humanidad entera. En otros medios nunca saldrían porque no son deportistas de élite, no ocupan cargos de prestigio o no desfilan en las pasarelas. Si conoces alguna histora que merezca ser reflejada aquí, escribe a:

lahistoria@semanarioalba.com



Sacado de ALBA. Suplemento al nº 55, del 21 al 27 de octubre de 2005.


Un saludo.