20.9.08

Vacaciones del pensamiento


Hace más de diez años, en 1996, Julián Marías escribió un maravilloso y clarificador artículo, como todos los suyos, sobre el futuro y la posibilidad o no de seguir entrando en una época de decadencia.




La verdad es que casi nadie intenta explicar nada. Hay una para mí angustiosa carencia de todo intento de "justificación", que llega a los científicos en todos los campos. Tengo la impresión de que el pensamiento se está tomando unas largas vacaciones, y me pregunto si esto se puede aceptar, si la humanidad puede permitírselo.

Llevamos más de treinta años dedicados al olvido de lo que somos y poseemos, el tesoro de ideas y métodos, de saberes acumulados, que harían de nuestra época una de las más luminosas de la historia.

Y esto ha llevado a una desorientación general, hábilmente explotada por los que saben que es el mejor instrumento de manipulación. He dicho otras veces que nuestra época no es particularmente inmoral, que son legión las personas razonablemente "sanas" y decentes, pero que no saben por qué lo son y no pueden justificarlo, ni defenderse de los que quieren llevarlas adonde no querrían ir. Es difícil ver programas de televisión que no sean al mismo tiempo estúpidos y envilecedores, y su influjo es impresionante, aunque relativamente superficial y pasajero.

Ese malestar que siente Europa, y en cierta medida también América, es saludable. Pero habría que cambiarlo de signo: convertir el desaliento en una enérgica decisión de no aceptarlo, y para ello de rechazar lo que lo provoca y engendra. Hay que defenderse de la apatía, de la entrega, de la pereza, de la falsedad; sobre todo, de la mentira deliberada. Ese es el gran enemigo.

Hay que dar a todo el mundo la razón que tiene, pero no la que no tiene. Es la fórmula de la convivencia, de la decisión de aceptar a las personas, pero no con todo lo que acarrean, y que puede ser simplemente un error, cuando no es una falsedad cuidadosamente elaborada.


Este artículo está entero aquí: http://www.conoze.com/doc.php?doc=1835

Un saludo.

10.9.08

NOTA DE PRENSA

FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ASOCIACIONES PROVIDA
ONG Consultiva Especial del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas

Secretaría General : C/ Parque San Fernando 5, 2ºB.
28807 Alcalá de Henares (Madrid
Tfno.: 629265879

Fax: 916749778 info@provida.es

Presidencia: 608046604 presidencia@provida.es



NOTA DE PRENSA DE LA FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ASOCIACIONES PROVIDA

Queremos expresar nuestra profunda preocupación por las intenciones que el gobierno ha manifestado respecto al aborto y a la vez nuestra esperanza de que hablar sobre el tema arroje luz sobre esta terrible realidad.

Estamos de acuerdo con Dª Leire Pajín en que hay una situación que corregir pero la ampliación de la ley del aborto no es precisamente la solución.

Hay que corregir la situación de desamparo en la que se encuentran muchas mujeres embarazadas y el nulo compromiso institucional por ayudarles. Hay que corregir el desprecio hacia el ser humano no nacido a quien se ignora, se cosifica y se sacrifica injustamente. Hay que corregir la pretensión de convertir los delitos en derechos y la utilización de un lenguaje engañoso y manipulador y corregir a los que defienden que una violencia tan despiadada contra el no nacido y su madre es signo de progreso y libertad. Por último hay que facilitar tratamiento a las mujeres que sufren el síndrome postaborto y también plantearse serias campañas que propicien un cambio de comportamiento en los adolescentes y en la población en general que atacaría de raiz muchos problemas.

Para todo ello es necesario un debate serio y real en el que deberían participar personas sin intereses económicos ni políticos en la práctica del aborto, que arrojen luz sobre la realidad médica, psicológica y social, mujeres que hayan padecido las consecuencias del aborto y las que a pesar de los problemas dieron a luz a sus hijos, juristas que velen por que ninguna ley viole derechos fundamentales o sea contraria al valor y dignidad del ser humano y todo ello con la garantía de que los medios de comunicación permitan que la información llegue a la sociedad sin ser distorsionada.

Entretanto, debería velarse por que se cumpliera la ley vigente con absoluto rigor y acabaran los claros abusos y el fraude manifiesto que son ya de dominio público.

Con estas condiciones y una actitud honesta de buscar el bien común estaríamos en condiciones de revisar esta ley que, como dice la ministra, lleva demasiados años.



3 septiembre 2008

5.9.08

Defensa de la verdad

Esto escribió JULIÁN MARÍAS en noviembre del 2000. Es una joya.



La verdad es el fundamento de la vida humana, el elemento en que se mueve cuando no olvida su condición; por eso es el fundamento de la convivencia, lo que la hace posible y asegura su carácter humano; si le falta, se produce su degeneración hacia una u otra de estas dos posibilidades: la cosa o el rebaño.
Por esto, la exigencia primaria, irrenunciable, es la escrupulosa fidelidad a la verdad: el esfuerzo constante por evitar el error, el implacable rechazo de su perversión, la mentira. Pero esto no basta, porque está en curso una amplísima ofensiva contra la verdad. Esto no es nuevo; la novedad consiste en sus recursos, en sus posibilidades, multiplicadas en esta época.

Esto exige, ante todo, una escrupulosa vigilancia para utilizar todos los medios disponibles para descubrir, formular, comunicar la verdad; su utilización está habitualmente muy por debajo de lo posible. Casi todo lo que se oye o lee se resiente de insuficiencia, falta de atención, de rigor, de cautela; se deja que el error se deslice, se parta de él, se lo dé por válido, se articule así con otros errores que van tendiendo una red que nos aleja de la verdad, nos conduce a esa situación que puede y debe llamarse "estado de error".

Todo esto es en alguna medida "involuntario", puede parecer "inocente" aunque sea culpable el no resistir a ello, su aceptación pasiva. Lo más grave es otra cosa: la hostilidad a la verdad, el sentirla como la enemiga, su voluntaria y deliberada persecución, su suplantación, no ya por el error, sino por la mentira. Esto es lo que obliga a organizar la defensa activa de la verdad, la atención al error ajeno, su descubrimiento y filiación, no digamos de la mentira expresa, que intenta desplazar y destruir la verdad.

Esto obliga a un esfuerzo de atención considerable, que en otras situaciones no era necesario, pero que en la nuestra es inexcusable. La falsedad es peligrosa, insidiosa, tiene que ser reconocida, probada, mostrada como tal. Si es involuntaria debe ser corregida, superada, mediante el restablecimiento de la verdad, acompañada de su justificación hasta donde sea posible.
Pero si se trata de la mentira, de la falsedad querida y buscada por sí misma, esto debe llevar a la descalificación, a la exclusión de la convivencia.

Ante innumerables afirmaciones que se oyen o leen mi pregunta es: ¿Cómo lo sabe? Si no hay respuesta o ésta no es convincente, no se justifica, lo adecuado es el rechazo; hay que exhibir los títulos de legitimidad de lo que se dice, sobre todo si se trata de materia grave.

No digamos si lo que se puede probar directamente es la falsedad de lo dicho. Se dirá con toda razón que esto impone un esfuerzo particularmente penoso -y no sin riesgos, por supuesto-, pero es absolutamente necesario. Se está tejiendo una espesa red de mentiras que hacen irrespirable el mundo. Cada vez son más, se apoyan mutuamente, invaden muchos libros, por supuesto medios de comunicación, diarios, revistas, emisoras, canales de televisión. Si esto no consta, no se pone de manifiesto, no se ataja, se vive en la falsedad, en ese funesto estado de error, que lleva al fracaso, por el carácter incoherente de la falsedad, sobre la cual no se puede construir nada.
Cuando una figura pública, un escritor, un gobernante, un político, que aspira a serlo, enuncia falsedades que no puede probar -o cuya falsedad se puede probar- tiene que quedar descalificado, y si la opinión pública lo reconoce, fuera de juego. A veces pierdo la confianza cuando advierto el peso que adquiere en la vida pública alguien de quien he comprobado muchas veces su habitual desprecio por la verdad. Esto me lleva a una desconfianza que puede ser salvadora, a una cautela ante todo lo que tenga esa procedencia. Por el contrario, la veracidad probada y comprobada muchas veces es una presunción de verdad, que no exime de su comprobación en cada caso, pero permite una aceptación "provisional" como punto de partida.

De una publicación o una emisora o un programa de televisión es relativamente fácil hacer pruebas de veracidad. Es frecuente la variación de los resultados. En varios países he comprobado que periódicos normalmente fiables han dejado de serlo desde cierto momento -un cambio de dirección, o de propiedad, el paso a otra esfera de influencia-. Hay que renunciar a algo con lo que se contaba, en lo que se podía confiar. En los Estados Unidos, en la Argentina, más dolorosamente en España, he tenido que renunciar en los últimos años a instrumentos que he admirado, acaso durante medio siglo, que me habían ayudado a entender el mundo, pero entregados desde cierta fecha a la operación de confundirlo. A veces, durante cierto tiempo, se conservan las apariencias, y se tarda en advertir la transformación, que puede llegar a ser la total inversión del proyecto originario. A veces la he advertido apenas iniciada, por la prisa o la torpeza de los realizadores; en otros casos es un proceso lento, que requiere mucho tiempo y es difícil de descubrir.

En medios de comunicación nuevos, o con los que no estoy familiarizado, uso un recurso que suele ser eficaz. No estoy enterado y bien informado de la mayor parte de los asuntos tratados, pero acaso estoy enterado de una de las cuestiones debatidas. Si lo que se dice coincide con mi información, presto alguna atención y un crédito sujeto a confirmación. Si aquello de que entiendo está desfigurado, temo que lo mismo ocurrirá con las cuestiones que me son ajenas, y suspendo la confianza.

Este método me ha librado de no pocos errores, y lo aplico siempre que es posible. Pero, por desgracia, es imprudente prolongar ligeramente la confianza. Estamos en una época de gran inestabilidad, y los cambios, muchas veces decisivos, son con frecuencia disimulados.

Un hecho sobremanera inquietante es el descenso de calidad de muchas cosas que la habían conservado muy alta durante largos años; es inquietante, y penoso, ver cómo se dilapida sin

Julián Marías.

Sacado de: www.conoze.com

Un saludo.