15.10.08

La escala de las importancias



Traigo este artículo de Julián Marías porque me parece que es de estos que sacuden los cimientos del mundo entero sin hacer ruido. Como todo lo que escribía este hombre es de una gravedad, profundidad y esperaza sin igual.


Cada vez me importan menos cosas, y cada vez me importan más las pocas que me importan -y que no suelen ser cosas, sino personas o realidades personales-. Se puede pensar que es lo propio de la vejez, pero no estoy seguro: veo a muchos coetáneos y aun contemporáneos algo más viejos, que andan afanados por cosas que me parecen de mínimo o nulo interés.

Al repasar una vida ya muy larga, me doy cuenta de que la escala de mis importancias ha sido siempre bastante semejante a la actual -aunque, ciertamente, con distintos contenidos-. A lo largo de los años, me han importado muy poco tantas cosas, tanto algunas, desmesuradamente algunas personas o creaciones personales como un libro, una ciudad, un país.

He pensado muchas veces en una extraña situación, que sería el núcleo de una posible novela que hace casi medio siglo le conté a Eduardo Mallea. Cada vez que lo veía, me pedía cuentas de aquella novela que nunca escribí; yo le contestaba que debía escribirla él, con su formidable talento de novelista. Tampoco lo hizo.

Se trata de lo siguiente. Una persona, en plena salud y gozo de la vida, cree que va a morir al cabo de tres días. ¿Cómo reacciona? Nada puede hacer para evitarlo. Lo que le queda es entrar en últimas cuentas consigo mismo, elegir qué va a hacer en esos tres días postreros. Ver y reconocer qué es lo que de verdad le importa.

A falta de la seguridad, esta es la situación permanente humana: "estar a la muerte", como dice nuestra lengua coloquial, que no conocen los que traducen como "ser para la muerte" el sein zum Tode heideggeriano. No estaría mal tener siempre en claro lo que nos importa, a diferencia de lo que, a última hora, nos deja bastante indiferente.

Si esto se hiciera, la vida sería profundamente distinta. Este adverbio es esencial: la diferencia residiría en su profundidad, en sus estratos más hondos. La actual inestabilidad amorosa, conyugal, familiar, no tiene otro origen. La gente se une y se desune, contrae relaciones y las rompe, por motivos superficiales, sin que nada importe gran cosa. La consecuencia es que la vida entera queda contagiada por esa superficialidad; en suma, que se vive menos, aunque más tiempo. Un tiempo que sería precioso si ese fantástico don de nuestra época fuera aprovechado para mejorar la intensidad y calidad de esa vida, en la admirable "prórroga" que nos ha sido otorgada. Imagino cómo se habrían sentido los hombres de otros siglos si se les hubiera ofrecido la posibilidad de vivir quince años más de aquellos con los que más o menos contaban, y en condiciones aceptables. ¿Y las mujeres? Aquí sí hay que recordarlas expresamente, y no por estúpida inercia, porque la prolongación de la vida, la juventud, la belleza, el atractivo, es todavía mayor y ha alterado la posible configuración de la vida. Y digo "posible" porque hay quien se encarga de que esas maravillas se anulen y se renuncie a ellas.

Y si pensamos en las formas de la vida colectiva, de naciones enteras o sus agrupaciones, de la historia a lo largo de los siglos, el resultado es sobrecogedor. Los más graves acontecimientos, invasiones, guerras, revoluciones, han tenido como origen realidades muy poco importantes, que al cabo de breve tiempo han dejado de importar, que asombran al recordarlas. Grandes atrocidades, devastaciones, enormes sufrimientos han tenido como motivo o pretexto minucias que al cabo de poquísimo tiempo parecen inverosímiles. ¿Por esto han padecido o muerto millones de hombres, se han destruido maravillosas ciudades, se han sepultado en el mar conmovedores buques, orgullo de la humanidad? Al cabo de unos cuantos años, el balance de los grandes acontecimientos parece ridículamente escaso o negativo, tal vez se ha invertido. A diferencia de los momentos de acierto, aquellos en que se ha dado importancia a lo que efectivamete la tenía, y por eso iba a seguir teniéndola -la gran prueba, que se puede anticipar para el futuro, si se mira bien y se posee alguna imaginación.

Esto puede aplicarse al detalle de la vida pública, especialmente en nuestro tiempo, en que predomina la democracia, al menos nominal y como pretensión. A veces imagino un grupo humano -tal vez un partido, aunque un buen ejemplo es que se les da más importancia que la que tienen- que atendiese a la escala de las importancias. Por lo pronto, dedicaría la atención, el tiempo y el esfuerzo a algunos asuntos, y relegaría a los otros al margen de lo secundario. Casi todas las "figuras importantes" de este tiempo viajan demasiado, se reúnen con otras de la misma pretensión, reciben a innumerables comisiones. Muchos intelectuales dedican su vida a asistir a congresos, perfectamente estériles, y olvidan lo que ha sido siempre la clave de la vida intelectual: ponerse de codos sobre una mesa, leer o releer algunos libros y, sobre todo, pensar.

Es asombrosa la atención que se dedica a los conciliábulos, tejes y manejes que carecen de importancia, que dejarán de tenerla en cuestión de días, sin que nadie se ocupe de orientar a la opinión sobre "quién es quién", con quién se puede contar, de quién se puede uno fiar, qué se puede esperar con confianza, qué se puede temer, cómo hay que repartir la admiración o el desprecio.

Como la capacidad de atención es limitada, como el tiempo es escaso, hay que tener en claro lo que importa, que es lo que va a importar en el futuro próximo y hasta remoto. Es, como vemos, cuestión de imaginación, como casi todo lo humano. Y si se retienen las experiencias pasadas, hay que preguntarse si se quiere volver a ellas, o sólo se juega frívolamente con una posibilidad que espantaría.

En este año se ha producido el reverdecimiento de un fenómeno que surgió al comenzar la transición, y que entonces tuvo alguna justificación: la floración de innumerables "partidos" ridículos, fruto de manías o vanidades mínimas, y que fueron barridos por los electores. Muchos de ellos, o bien otros nuevos, han reaparecido; han dejado su huella, en la forma concreta de hacer posible que la falsedad se deslice en diversas rendijas del tejido social. Esto es lo único grave, que no se cura prestándole atención, sino al contrario: volviéndole la espalda.

Lo que es menester es que los españoles -y digo los españoles porque son los que van a leerme, no porque los demás no lo necesiten- es poner en claro la escala de sus importancias y obrar en consecuencia. Si lo hacen, podremos penetrar animosa y confiadamente en el próximo siglo o milenio. Y, lo que más, podremos imaginar sus comienzos sin temor a quedar en ridículo en el primer decenio.


SACADO DE: WWW.CONOZE.COM
EN CONCRETO DE: http://www.conoze.com/doc.php?doc=1986

Un saludo.

20.9.08

Vacaciones del pensamiento


Hace más de diez años, en 1996, Julián Marías escribió un maravilloso y clarificador artículo, como todos los suyos, sobre el futuro y la posibilidad o no de seguir entrando en una época de decadencia.




La verdad es que casi nadie intenta explicar nada. Hay una para mí angustiosa carencia de todo intento de "justificación", que llega a los científicos en todos los campos. Tengo la impresión de que el pensamiento se está tomando unas largas vacaciones, y me pregunto si esto se puede aceptar, si la humanidad puede permitírselo.

Llevamos más de treinta años dedicados al olvido de lo que somos y poseemos, el tesoro de ideas y métodos, de saberes acumulados, que harían de nuestra época una de las más luminosas de la historia.

Y esto ha llevado a una desorientación general, hábilmente explotada por los que saben que es el mejor instrumento de manipulación. He dicho otras veces que nuestra época no es particularmente inmoral, que son legión las personas razonablemente "sanas" y decentes, pero que no saben por qué lo son y no pueden justificarlo, ni defenderse de los que quieren llevarlas adonde no querrían ir. Es difícil ver programas de televisión que no sean al mismo tiempo estúpidos y envilecedores, y su influjo es impresionante, aunque relativamente superficial y pasajero.

Ese malestar que siente Europa, y en cierta medida también América, es saludable. Pero habría que cambiarlo de signo: convertir el desaliento en una enérgica decisión de no aceptarlo, y para ello de rechazar lo que lo provoca y engendra. Hay que defenderse de la apatía, de la entrega, de la pereza, de la falsedad; sobre todo, de la mentira deliberada. Ese es el gran enemigo.

Hay que dar a todo el mundo la razón que tiene, pero no la que no tiene. Es la fórmula de la convivencia, de la decisión de aceptar a las personas, pero no con todo lo que acarrean, y que puede ser simplemente un error, cuando no es una falsedad cuidadosamente elaborada.


Este artículo está entero aquí: http://www.conoze.com/doc.php?doc=1835

Un saludo.

10.9.08

NOTA DE PRENSA

FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ASOCIACIONES PROVIDA
ONG Consultiva Especial del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas

Secretaría General : C/ Parque San Fernando 5, 2ºB.
28807 Alcalá de Henares (Madrid
Tfno.: 629265879

Fax: 916749778 info@provida.es

Presidencia: 608046604 presidencia@provida.es



NOTA DE PRENSA DE LA FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ASOCIACIONES PROVIDA

Queremos expresar nuestra profunda preocupación por las intenciones que el gobierno ha manifestado respecto al aborto y a la vez nuestra esperanza de que hablar sobre el tema arroje luz sobre esta terrible realidad.

Estamos de acuerdo con Dª Leire Pajín en que hay una situación que corregir pero la ampliación de la ley del aborto no es precisamente la solución.

Hay que corregir la situación de desamparo en la que se encuentran muchas mujeres embarazadas y el nulo compromiso institucional por ayudarles. Hay que corregir el desprecio hacia el ser humano no nacido a quien se ignora, se cosifica y se sacrifica injustamente. Hay que corregir la pretensión de convertir los delitos en derechos y la utilización de un lenguaje engañoso y manipulador y corregir a los que defienden que una violencia tan despiadada contra el no nacido y su madre es signo de progreso y libertad. Por último hay que facilitar tratamiento a las mujeres que sufren el síndrome postaborto y también plantearse serias campañas que propicien un cambio de comportamiento en los adolescentes y en la población en general que atacaría de raiz muchos problemas.

Para todo ello es necesario un debate serio y real en el que deberían participar personas sin intereses económicos ni políticos en la práctica del aborto, que arrojen luz sobre la realidad médica, psicológica y social, mujeres que hayan padecido las consecuencias del aborto y las que a pesar de los problemas dieron a luz a sus hijos, juristas que velen por que ninguna ley viole derechos fundamentales o sea contraria al valor y dignidad del ser humano y todo ello con la garantía de que los medios de comunicación permitan que la información llegue a la sociedad sin ser distorsionada.

Entretanto, debería velarse por que se cumpliera la ley vigente con absoluto rigor y acabaran los claros abusos y el fraude manifiesto que son ya de dominio público.

Con estas condiciones y una actitud honesta de buscar el bien común estaríamos en condiciones de revisar esta ley que, como dice la ministra, lleva demasiados años.



3 septiembre 2008

5.9.08

Defensa de la verdad

Esto escribió JULIÁN MARÍAS en noviembre del 2000. Es una joya.



La verdad es el fundamento de la vida humana, el elemento en que se mueve cuando no olvida su condición; por eso es el fundamento de la convivencia, lo que la hace posible y asegura su carácter humano; si le falta, se produce su degeneración hacia una u otra de estas dos posibilidades: la cosa o el rebaño.
Por esto, la exigencia primaria, irrenunciable, es la escrupulosa fidelidad a la verdad: el esfuerzo constante por evitar el error, el implacable rechazo de su perversión, la mentira. Pero esto no basta, porque está en curso una amplísima ofensiva contra la verdad. Esto no es nuevo; la novedad consiste en sus recursos, en sus posibilidades, multiplicadas en esta época.

Esto exige, ante todo, una escrupulosa vigilancia para utilizar todos los medios disponibles para descubrir, formular, comunicar la verdad; su utilización está habitualmente muy por debajo de lo posible. Casi todo lo que se oye o lee se resiente de insuficiencia, falta de atención, de rigor, de cautela; se deja que el error se deslice, se parta de él, se lo dé por válido, se articule así con otros errores que van tendiendo una red que nos aleja de la verdad, nos conduce a esa situación que puede y debe llamarse "estado de error".

Todo esto es en alguna medida "involuntario", puede parecer "inocente" aunque sea culpable el no resistir a ello, su aceptación pasiva. Lo más grave es otra cosa: la hostilidad a la verdad, el sentirla como la enemiga, su voluntaria y deliberada persecución, su suplantación, no ya por el error, sino por la mentira. Esto es lo que obliga a organizar la defensa activa de la verdad, la atención al error ajeno, su descubrimiento y filiación, no digamos de la mentira expresa, que intenta desplazar y destruir la verdad.

Esto obliga a un esfuerzo de atención considerable, que en otras situaciones no era necesario, pero que en la nuestra es inexcusable. La falsedad es peligrosa, insidiosa, tiene que ser reconocida, probada, mostrada como tal. Si es involuntaria debe ser corregida, superada, mediante el restablecimiento de la verdad, acompañada de su justificación hasta donde sea posible.
Pero si se trata de la mentira, de la falsedad querida y buscada por sí misma, esto debe llevar a la descalificación, a la exclusión de la convivencia.

Ante innumerables afirmaciones que se oyen o leen mi pregunta es: ¿Cómo lo sabe? Si no hay respuesta o ésta no es convincente, no se justifica, lo adecuado es el rechazo; hay que exhibir los títulos de legitimidad de lo que se dice, sobre todo si se trata de materia grave.

No digamos si lo que se puede probar directamente es la falsedad de lo dicho. Se dirá con toda razón que esto impone un esfuerzo particularmente penoso -y no sin riesgos, por supuesto-, pero es absolutamente necesario. Se está tejiendo una espesa red de mentiras que hacen irrespirable el mundo. Cada vez son más, se apoyan mutuamente, invaden muchos libros, por supuesto medios de comunicación, diarios, revistas, emisoras, canales de televisión. Si esto no consta, no se pone de manifiesto, no se ataja, se vive en la falsedad, en ese funesto estado de error, que lleva al fracaso, por el carácter incoherente de la falsedad, sobre la cual no se puede construir nada.
Cuando una figura pública, un escritor, un gobernante, un político, que aspira a serlo, enuncia falsedades que no puede probar -o cuya falsedad se puede probar- tiene que quedar descalificado, y si la opinión pública lo reconoce, fuera de juego. A veces pierdo la confianza cuando advierto el peso que adquiere en la vida pública alguien de quien he comprobado muchas veces su habitual desprecio por la verdad. Esto me lleva a una desconfianza que puede ser salvadora, a una cautela ante todo lo que tenga esa procedencia. Por el contrario, la veracidad probada y comprobada muchas veces es una presunción de verdad, que no exime de su comprobación en cada caso, pero permite una aceptación "provisional" como punto de partida.

De una publicación o una emisora o un programa de televisión es relativamente fácil hacer pruebas de veracidad. Es frecuente la variación de los resultados. En varios países he comprobado que periódicos normalmente fiables han dejado de serlo desde cierto momento -un cambio de dirección, o de propiedad, el paso a otra esfera de influencia-. Hay que renunciar a algo con lo que se contaba, en lo que se podía confiar. En los Estados Unidos, en la Argentina, más dolorosamente en España, he tenido que renunciar en los últimos años a instrumentos que he admirado, acaso durante medio siglo, que me habían ayudado a entender el mundo, pero entregados desde cierta fecha a la operación de confundirlo. A veces, durante cierto tiempo, se conservan las apariencias, y se tarda en advertir la transformación, que puede llegar a ser la total inversión del proyecto originario. A veces la he advertido apenas iniciada, por la prisa o la torpeza de los realizadores; en otros casos es un proceso lento, que requiere mucho tiempo y es difícil de descubrir.

En medios de comunicación nuevos, o con los que no estoy familiarizado, uso un recurso que suele ser eficaz. No estoy enterado y bien informado de la mayor parte de los asuntos tratados, pero acaso estoy enterado de una de las cuestiones debatidas. Si lo que se dice coincide con mi información, presto alguna atención y un crédito sujeto a confirmación. Si aquello de que entiendo está desfigurado, temo que lo mismo ocurrirá con las cuestiones que me son ajenas, y suspendo la confianza.

Este método me ha librado de no pocos errores, y lo aplico siempre que es posible. Pero, por desgracia, es imprudente prolongar ligeramente la confianza. Estamos en una época de gran inestabilidad, y los cambios, muchas veces decisivos, son con frecuencia disimulados.

Un hecho sobremanera inquietante es el descenso de calidad de muchas cosas que la habían conservado muy alta durante largos años; es inquietante, y penoso, ver cómo se dilapida sin

Julián Marías.

Sacado de: www.conoze.com

Un saludo.

18.7.08

¿Democracia o tiranía?




Hace 18 años Julián Marías escribió un artículo sobre la legitimidad de un parlamento y sus límites cuando se trata y afecta a la sociedad y a la persona. Voy a transcribir parte del mismo porque es perfecto. Lo escribió en ABC el 24 de junio de 1990.

Desgraciadamente creo que ahora sí hemos llegado a "tanto" como dice él ya por el final.

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Hace algo menos de quince años que hemos reconquistado en España la democracia. Pero en nombre suyo —muchas veces tomándolo en vano— se están deslizando muchas afirmaciones, declaraciones o decisiones que gravemente la comprometen. No se puede montar la convivencia en un país fundándola en el culto a una palabra que tantas veces se despoja de su sentido. Hace ya catorce años, cuando empezaba a discutirse la Constitución en las primeras Cortes, hablé a fondo de los límites de aquello sobre lo que se puede legislar, es decir, sobre el alcance de la soberanía «legítima». Que las Cortes sean soberanas, decía yo, no quiere decir que sean dueñas del país y puedan disponer de él a su antojo, porque esto sería una de las formas más atroces de tiranía. Ponía el ejemplo de lo que hubiese sido una decisión mayoritaria del Reichstag, el Parlamento alemán en tiempo de Hitler, para decretar el exterminio de los judíos; no hubiese tenido ni la menor legitimidad, hubiese sido la monstruosidad que fue. Ningún gobierno ni parlamento puede disponer el incendio, ni siquiera la venta, de los grandes museos; ni tantas cosas más que afectan a la integridad de un país, a su futuro, a la vida privada de sus ciudadanos.

Si no se establecen con pulcritud y rigor los límites de la democracia, se la hace degenerar en un sistema de opresión respaldado por los votos; y aun en el caso de que sean lícitos y limpios, ninguna potestad puede ir más allá de lo que le pertenece.

He puesto algunos ejemplos que pueden parecer extremos; se dirá con razón que entre nosotros no se ha llegado a tanto; pero conviene que se tenga claridad sobre la cuestión, porque es decisiva. Y si no ocurre así, si se considera que la democracia permite todo y es justificación bastante, se la pervierte. Lo cual suele tener una consecuencia inmediata y peligrosa: que se pierde su estimación, que deja de interesar e importar. No son pocos los síntomas de esto último. La democracia subsiste, pero se va vaciando de contenido, de entusiasmo, de vitalidad. La pasividad en las elecciones puede ser una bendición para los partidos que se benefician de ella, pero para la democracia misma es funesta.

Es un régimen que consiste muy principalmente en la participación, en que los ciudadanos lo sean y se sientan implicados en la marcha de las cosas públicas. Dicho con otras palabras, requiere el estado de alerta. Si «todo vale», si «da lo mismo», si los que tienen en sus manos el poder saben lo que hacen y basta con seguirlo dócilmente, la democracia queda desvirtuada, y esto quiere decir indefensa.

Un saludo.

3.7.08

No es fácil ser joven



No es fácil ser joven«¡Qué tristeza cuando los chicos y chicas pierden la maravilla, el encanto de los sentimientos más bellos, el valor del respeto del cuerpo, manifestaciones de la persona y de su insondable misterio!» Benedicto XVI

Me duele observar los últimos datos facilitados por el Ministerio de Sanidad y Consumo correspondientes a 2006, sobre el uso de la píldora abortiva (RU-486) en los jóvenes españoles. Los datos demuestran que, en tan solo cinco años, se ha cuadriplicado. Hemos pasado de 1.976 en 2001 a 4.099 en el 2006, con un incremento de casi mil anuales: 3.142 en 2002; 3.260 en 2003; 4.344 en 2004; y 4.660 en 2005.

Es más, la «anticoncepción de emergencia», como la suelen llamar algunos (¡Que miedo les da llamar a las cosa por su nombre, Dios mio!) fue utilizada para interrumpir el embarazo de 22 niñas menores de 15 años , 546 jovencitas de entre 15 y 19 años y 1.137 mujeres de entre 20 y 24 años.

Esta noticia me habría pasado casi desapercibida si no fuera por que se trata de de un tremendo envilecimiento del amor humano que intenta suprimir «la auténtica capacidad de amar, como el arma más adecuada y eficaz para separar a Dios del hombre, para alejar a Dios de la mirada y el corazón del hombre...» como afirmó Benedicto XVI en uno de sus discursos sobre la verdad del matrimonio y la familia.

Siempre he considerado el amor humano como una aventura maravillosa, «un andar divino en la tierra», en el que el amor «forma parte de esa auténtica imagen de Dios que el Creador ha querido imprimir en su criatura, llamándola a hacerse semejante a Él» como señaló en otra ocasión Benedicto XVI.

Por eso me resulta difícil, aunque debo hacerlo, asumir mi parte de responsabilidad en estas estadísticas. Es verdad que el amor no es cosa que se aprenda, pero, ¿Qué hay más necesario que enseñar a amar, que hacerles sentir que son capaces de amar a pesar de las dificultades que encuentren en su vida?

¿Por qué les orientamos hacia una promiscuidad cada vez más trágica y peligrosa para su salud, en vez de responderles con la verdad, aunque nos tachen de carcas?

¿Por qué les engañamos con campañas de información sexual para prevenir las enfermedades infecciosas y los embarazos no deseados si sabemos que el mejor método, el más seguro, sano y barato para evitarlos se llama abstinencia sexual que además previene el sufrimiento físico y moral de las relaciones de «aquí te pillo, aquí te mato»?

Tienen razón los que afirman que presentar a los adolescentes un programa de información sexual veraz sobre los peligros de las relaciones sexuales y un programa educativo para concienciarles de los innumerables beneficios que lleva consigo el decir que no a una relación esporádica, no «vende». Es más, incomodan a quien las escucha. Palabras como renuncia, pudor, intimidad, respeto, compartir y comprometerse no están, desgraciadamente, en el vocabulario de muchos de nosotros.

Pero nuestros jóvenes, los mismos que son capaces de empeñar su vida por ganar «causas perdidas», buscar la belleza, la libertad, la justicia y la solidaridad, son los que anhelan respuestas a sus preguntas sobre el amor, la vida y el sexo.

Lo curioso es que los que tendríamos que guiarles por el camino de la felicidad ,en la gran aventura de su vida, sustentada por bases firmes sobre el conocimiento del sexo opuesto, el valor del compromiso y la ilusión por un matrimonio maduro y duradero , nos empeñamos en abandonarles a sus instintos.

¿Tan difícil nos resulta ser un ejemplo atractivo de que el hombre no es solamente carne, ni simple instinto sexual, sino que es también -y sobre todo- inteligencia, voluntad, libertad? ¿Tan complicado es explicar que amor no significa exclusivamente sexo? ¿Que la atracción sexual puede ser repentina, pero el amor es deliberado, libre, voluntario y guiado por la razón?

No es fácil ser joven. De hecho los datos, mejor dicho, los obstáculos que encuentran en su camino, el asedio de placer «sin costes» al que se ven sometidos y la soledad a la que les hemos arrinconado, lo demuestra.

Remedios Falaguera Silla

Sacado de: www.conoze.com

Un saludo.

25.6.08

LA ENFERMEDAD DE LOS EMPOBRECIDOS SE LLAMA HAMBRE


El grado de manipulación a la que nos someten los medios de comunicación formales es cada vez más salvaje, convirtiéndose en los principales propagadores de las tesis de los organismos internacionales.



Por el Grupo de Sanitarios por la dignidad de TODA persona humana.



“Pastillas para estómagos vacíos. La crisis alimentaria amenaza con abortar los esfuerzos contra el VIH”. Este era el titular de un artículo publicado en un periódico de tirada nacional en el mes de Junio, en el que miente sobre las causas del hambre y echa la culpa a los empobrecidos de su situación, dejando entender que el problema de África es el SIDA, que el hambre es producto del cambio climático y las catástrofes naturales, que es responsabilidad exclusiva de los gobiernos locales…. El grado de manipulación a la que nos someten los medios de comunicación formales es cada vez más salvaje, convirtiéndose en los principales propagadores de las tesis de los organismos internacionales. Medios de comunicación y organismos internacionales, en perfecta alianza contra los empobrecidos.

Hoy van a morir 100.000 personas por hambre. El 86% de la población mundial, 4.500 millones de personas, sufre hambre, mientras el 15% restante disfrutamos de más del 90% de las riquezas mundiales. La propia OMS (Organización Mundial de la Salud) en un informe de 1995 afirma que “la mayor causa de mortalidad en el mundo es la pobreza”. Sin embargo el hambre no aparece en las estadísticas e informes sobre la salud de los países empobrecidos que la OMS hace, a pesar de que es la manera más común de morir, la principal causa de enfermedad y el mayor problema sanitario de la humanidad…. Y va en aumento

Las estadísticas y datos de los organismos internacionales dirán que los empobrecidos mueren de SIDA, malaria, enfermedad de Chagas, Dengue,… Pero a estas enfermedades, que afectan a una de cada seis personas en el mundo (1.000 millones), las llama cínicamente “enfermedades olvidadas”… ¡como si se tratara de un despiste!, ocultando con esta manera de nombrarlas, que para la mayoría de estas enfermedades existe tratamiento y/o prevención. Ocultando así, que muchas de ellas son manifestaciones de un estado de desnutrición y de inmunodeficiencia crónico, es decir, de hambre. Que son enfermedades que las padecen en su mayor parte, los empobrecidos, por no tener agua potable, medidas de saneamiento básico o vivienda, profesionales sanitarios, por las guerras que sufren, …y no fruto de la fatalidad, de las catástrofes naturales, de la falta de posibilidades científico-técnicas, de “crisis”, sino fruto de un sistema político-económico injusto que les roba sus recursos naturales y su población, que hace negocio con su enfermedad, que sólo puede sostenerse a base de aumentar el número de excluidos.……. Por tanto señores de la OMS dejen de mentir: no son enfermedades olvidadas, ¡¡son enfermedades PLANIFICADAS!! ¡Si quieren ponerles un nombre que responda a la verdad hablen de ASESINATO! La humanidad cuenta con los medios necesarios para que ni una persona muera por hambre o por alguna de estas enfermedades, lo que no hay es VOLUNTAD POLÍTICA porque la miseria es el verdadero motor del capitalismo. Lo dijo Jean Ziegler, relator de la ONU para la alimentación, en el 2005: “Hoy ya no existen fatalidades. “Tenemos los medios para alimentar al doble de la población actual”, y por tanto “un niño que muere de hambre hoy, muere asesinado”. Y lo mismo si muere de cólera o tuberculosis (TBC) o de la mayoría de estas “enfermedades olvidadas”.

En EEUU la malaria fue la enfermedad más importante a mediados del S.XIX, y su disminución se debió sólo en una pequeña parte a medidas dirigidas contra la misma enfermedad y más que todo al desarrollo agrícola. Similar ocurrió con la TBC o el cólera en Europa y las medidas de saneamiento. Sin embargo para los países empobrecidos las “soluciones” que los organismos internacionales ofrecen son “farmacológicas” ¿Por qué?:

1- Porque no son solución. Nos enriquecemos con su hambre y enfermedad: Por eso la dinámica de los mercados impuesta gracias al predominio de las grandes potencias en el diseño de las relaciones económicas provoca a los países más pobres pérdidas de 500.000 millones de dólares (10 veces más que la ayuda que reciben para el desarrollo). Por eso los países enriquecidos pueden imponer cupos a determinados productos procedentes de los países empobrecidos o subsidiar la propia producción para penetrar en sus mercados. Por eso el Estado español recibe cada año en pago de deuda externa un 50% más de dinero de los países empobrecidos de los que da a estos en “Ayuda Oficial al Desarrollo”. Por eso el sistema de patentes… Por eso para el Reino Unido, sólo el personal sanitario que llega ya formado de Ghana representa un ahorro de 95 millones de €.

Y no podemos olvidar que el hambre, la enfermedad, la muerte (perdón, asesinato) son un instrumento de control demográfico, que el sistema imperialista necesita realizar sobre los países empobrecidos. La población genera riqueza y posibilidades de emancipación…. Y por eso los empobrecidos son presentados como “amenaza”, como “problema para la seguridad”

2- La enfermedad es un negocio. Y los países empobrecidos no son “el mejor mercado”, claro. Por eso por cada 1.000 € que se dedican a la investigación, 999 € se destinan a enfermedades asociadas al primer mundo. Las multinacionales farmacéuticas constituyen el sector industrial con más ganancias. El medicamento más vendido del mundo, alcanzando unas ventas mundiales se 5.000 millones de euros (casi un billón de las antiguas pesetas) es un medicamento para reducir el colesterol, que es una manifestación directa de una sociedad sobrealimentada. Las empresas farmacéuticas en EEUU gastan unos 500 millones de dólares al año en investigación y desarrollo en salud animal, 10 veces más que el gasto dedicado a enfermedades tropicales.

Por eso los países empobrecidos, con el 86% de la población mundial, sólo representan el 20% del total de ventas de la industria farmacéutica.

Hoy más que nunca debemos poner en la plaza pública las causas que generan hambre. Porque medios de comunicación, partidos políticos del arco parlamentario, organismos internacionales… están mintiendo. Hoy más que nunca debemos escuchar la voz de los empobrecidos de la tierra, que nos gritan: “No queremos ayudas, abridnos vuestras fronteras”; este fue el grito unánime por parte de muchos países empobrecidos en las cumbres de la OMC celebradas en Cancún (2003) y en Hong Kong (2005). Con otras palabras lo expresaba Donato Ndongo-Bidyogo, escritor y periodista de Guinea Ecuatorial: “A los pueblos africanos no nos interesan tanto las consecuencias como las causas de nuestra miseria. Queremos recuperar nuestra dignidad. Las riquezas de nuestro suelo y subsuelo, bien gestionadas y pagadas nos permitirían vivir con decoro; no podemos conformarnos con la limosna, se disfrace como se disfrace cuando podemos exigir y obtener justicia. Queremos protagonizar nuestra propia historia. La cooperación internacional nos perpetúa en la miseria, puesto que no ataca a las estructuras de la pobreza, sino que se limita a paliar sus efectos de modo superficial. Y queremos soluciones estructurales, no paños calientes que signifiquen pan para hoy y hambre para mañana. África no necesita asistencialismo sino justicia. Siglos de asistencialismo, limosna, ayuda, cooperación, no han terminado con nuestras miserias. No queremos servir de pretexto para que la gente lave sus conciencias”.


Autor: solidaridad.net- Fecha: 2008-06-18

SACADO DE: WWW.SOLIDARIDAD.NET

UN SALUDO

A punto de abrirse un abortorio en Villalba

Un centro abortista: cuentan con el permiso de la Comunidad de Madrid desde el pasado 22 de noviembre para abrir en Villalba (Madrid). Apoya a la Plataforma Ciudadana "Villalba por la Mujer" en su campaña para evitar que se abra el centro.

Pincha aquí para enviar tu protesta al Alcalde de Villalba
Secuencia de fotos del futuro centro abortista

Se llama Anacaona S.L. y está en trámites de autorización. Se situará en Camino de Berrocal, 6, planta baja. 28200 Collado Villalba (Madrid) y ya tiene las obras en marcha (ver fotos) Su dueño, José Jesús Morffiz Ferreiro, es un ‘médico’ cubano afincado en España que trabaja en la sanidad pública. Es decir, hará ‘doblete’ con su negocio particular.

Un negocio que va en serio. Según publicó Hispanidad.com, desde el 22 de noviembre cuenta con autorización de la Comunidad de Madrid para abrir un centro de ‘abortos de bajo riesgo’. Un eufemismo para referirse a los centros abortistas que no cuentan con posibilidad de hospitalización, especializados en abortos de menos de 22 semanas.

Según consta en el registro Mercantil, Anacaona S.L. fue constituida el 21 de diciembre de 2006 con un capital social de 150.000 euros. Van en serio. Pero la ciudadanía, también. En Villalba se ha constituido una plataforma ciudadana en rechazo que lleva recogidas miles de firmas de rechazo. “Las presentaremos ante el pleno del ayuntamiento y donde haga falta”, señala la portavoz de la Plataforma Ciudadana Villalba por la Mujer, Ana Isabel Bueno.

Pincha aquí para quejarte ante el consejero de Sanidad, Juan José Güemes


SACADO DE WWW.HAZTEOIR.ORG

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SIGUE EL HOMICIDIO IMPUNE DE SERES HUMANOS. ESTAMOS SEMBRANDO DE MATADEROS HUMANOS NUESTRAS CIUDADES.

EL HOMBRE ESTÁ ABDICANDO DE SU NECESIDAD DE PENSAR Y AMAR. PENSAR EN QUIÉN ES Y QUÉ VA SER DE ÉL. LA CARENCIA DE PENSAMIENTO Y FORMACIÓN NOS ESTÁ LLEVANDO A NO CONOCERNOS Y VIVIR DESORIENTADOS, SIN RESPONSABILIDAD NINGUNA Y EN UN ESTRATO INFERIOR AL QUE DEBERÍAMOS. A UN NIVEL MÁS ANIMAL QUE HUMANO. Y NO AMAMOS PORQUE NO SABEMOS QUIÉNES SOMOS, DEJÁNDONOS DESPEDAZAR POR EL CONCEPTO ANIMAL QUE NOS IMPONEN. SUJETOS PUÉS A NUESTRAS PASIONES Y DEPENDENCIAS PRIMARIAS.

UN SALUDO.



UN SALUDO.